De perfectione
Ayer decidí algo. Se lo comentaba a Ana.
Resulta que no hace falta ser perfecto. Y es frustrante intentarlo. Y frustrarse no es bueno.
Así que uno es como es y es lo que hay. Se puede seguir siendo amable y demás. Pero desde ayer, si viene alguien a casa y quiere Cola Cao en lugar de Nesquik, habrá hasta que se termine este tarro. No voy a comprar más, porque no uso. Y si alguien quiere café y mis compañeros tienen, bien. Si no, diré: Lo siento, no tengo: no tomo café. ¿Un té te parece bien?
Sí. Así es.
A ver si va a ser cierto que soy más pequeño de lo que creo.

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