Tengo tantísimas cosas en la cabeza que ya no sé ni en cuál fijarme. Tantas personas, tantos planes, tantos vacíos (que, como sabe, también son cosas), tanto de todo que no hay nada.
Esta debe de ser la materia gris de la que hablan. Una gran masa gris sin ningún sentido.
El asunto es que el tiempo va pasando y uno, por insignificante que se considere, va dejando marcas en toda la gente con la que se encuentra. Es inevitable. Yo, por ejemplo, me acuerdo del tío que iba en bici detrás de mí esta tarde, y seguro que ni se imagina que estoy escribiendo sobre él. Era una persona como cualquier otra, sin nada especial hasta donde alcanza mi conocimiento, pero ahora mismo lo recuerdo. Y ahí está la cosa.
Total, que ahora estoy pensando en eso. En que yo mismo me cruzo con gente, con algunos hablo más, con otros menos, pero toda esa gente está ahí y forma parte de mi día a día y yo del suyo. Y… sí, quizás cuando alguien vea, yo qué sé, una noticia sobre el esperanto, se acuerde del chiflado aquel que era amigo del primo del vecino de no sé quién… que hablaba esperanto. Como yo cuando entre en una casa y vea…
…no voy a terminar esa frase. Tengo muchas ganas de escribir una palabra ahora mismo, pero la voy a anotar en el bloc de notas para sacarme las ganas y no diré nada acá. Porque, quizás, sí que haya alguien que lea esto.
Buenas noches.