Nadie dijo que sería fácil.
Pero tampoco que sería difícil.
Anoche venía pensando una cosa. Me acordé también de Dany, que me hablaba sobre lo de ser “demasiado bueno”. Claro, hay gente que se preocupa más por uno mismo, otros que se preocupan por los demás. Podríamos decir que lo óptimo es el intermedio, pero todos sabemos que eso no es fácil de conseguir. Pero lo que no sabemos es por qué. Y es que si uno es no-egoísta, ve a alguien intermedio y piensa “qué egoísta”. Y si un egoísta ve a un intermedio piensa “qué no-egoísta”. Y esto también sirve dentro de todos los niveles en que se puede ser una cosa u otra.
Y yo anoche venía pensando esto porque terminaba de ofrecerle mi apoyo a alguien que lo estaba pasando un poco mal. He de reconocer que ayudar a alguien en la situación en que estoy ahora no es quizás lo más inteligente. Pero qué se puede hacer si no. Que yo no esté en mi mejor momento no quiere decir que los demás no necesiten también contarle sus preocupaciones a otros. Y así, escribiendo sobre esto, como ocurre cuando uno habla consigo mismo en la cabeza, uno va llegando a la solución óptima para todo, que lamentablemente después olvida. A menos que relea. Vamos a escribirlo, para poder releerlo: si él necesita confiar en alguien, puede confiar en mí. Y si yo necesito compartir mis problemas con alguien, podré compartirlo con él. Sí, puede que eso sea lo justo.
Porque en otras circunstancias yo llamaría a mis amigos, tomaríamos un pincho (una bola de estas, por favor… sin salsa. y un té con hielo). Y lo hablaríamos y así, de a poquito. Pero acá no hay bolas de esas ni está la gente con la que las comparto. Y estamos todos un poco así, ¿no? Entonces qué menos que ir aguantando, yendo hacia adelante hasta que se vaya enderezando todo.
Ahora bien, ¿es este el tipo de cosas que se comunican? ¿O se hacen sin más?
En cualquier caso, el español es un idioma estupendo.