Ella prefiere transgénero, porque entre una puerta y una tabla la diferencia no es de sexo sino de género o incluso de especie. Pero yo ya le dije que la RAE no recoge ese término, entonces no lo podemos adoptar para este lugar.
Entonces, les cuento. Resulta que tengo una tabla transexual. Es la tabla que uso para cortar la cebolla (no exclusivamente) cuando cocino. Y es realmente muy buena tabla. Tiene como unos taquitos que hacen que no esté totalmente en contacto con la mesada. Lo mejor es que no tiene cuatro, sino dos, en uno de los lados cortos de su forma rectangular. Entonces uno corta sobre una tabla inclinada, y el resultado es muy bueno. No sé si es que uno puede después poner la cebolla picada en la olla más fácilmente o qué, pero hasta me han elogiado por ella.
Lo que poca gente sabe es que no nació tabla sino puerta. Cuando nació era una puerta (lo repito por si no se hubiera entendido bien. Justamente, en el libro que estoy traduciendo, que es así, argumentativo, lo hacen mucho y me di cuenta de que es algo bastante habitual en ese tipo de literatura. Repetir ideas de manera casi idéntica una después de otra, separadas únicamente por un punto y seguido. Qué bien, otro de esos paréntesis eternos). Eso, que nació puerta, pero siempre se sintió tabla de cocina. Es una de esas tablas transexuales que sí consiguieron operarse. Pasó por el quirófano y, literalmente, se cortó lo que sobraba. Como las puertas (y las tablas tampoco) tienen DNI ni pasaporte ni carné de conducir, no hubo que hacer más trámites.
Y ahí está ahora, guardadita en su armario (en el sentido literal, no hagan asociaciones de ideas), como una tabla en todo derecho. Y no una tabla cualquiera: una tabla con taquitos.