Dicho sea por justicia que la Gripe F me la busqué y gané yo solito. Bueno, solito-solito, no: fuimos tres los que tuvimos a bien andar bajo la lluvia a las tres de la mañana. Y los tres en cama la semana siguiente.
Sólo que ellos no fueron al trabajo y yo el mío lo tengo acá. Bien, porque pude trabajar; mal, porque pude trabajar.
Estoy aprendiendo mucho sobre la Septuaginta, los manuscritos del Mar Muerto, Qumrán, Flavio Josefo, los levitas, el templo de Jerusalén y muchas cosas más. Todo ello amplia enormemente mis hasta ahora limitados conocimientos sobre el judaísmo. Y es preciso decirlo: qué manera de mangonearlos. Que si en Egipto, Babilonia, los romanos, rebeliones acá y allá. Hasta donde sé, después de Bar Kojba ya no volvieron a poner el pie en Israel (al menos oficialmente) hasta el s. XX. Y eso es un montón de tiempo.
Todo esto, naturalmente, son cosas que uno más o menos sabe, pero, también naturalmente, más menos que más.
Uno que sigue trabajando. Hay que tener disciplina. Que descansen.